Sellos de origen europeo: derecho a la excelencia

Los países socios de la Unión Europea han configurado uno de los sistemas de producción agroalimentaria líderes del mundo. Insuperable en calidad de producto, en sostenibilidad y en seguridad alimentaria. Una fuente de suministro de alimentos y bebidas al alcance de la ciudadanía a través de una red de distribución optimizada para su eficiencia. Llenar la cesta de la compra con los alimentos de origen europeo es tan sencillo como decantarse por reconocer la elaboración en los estados de la UE al acercarse al punto de venta, tanto físico como digital.

Las personas que busquen realizar un acto de compra consciente, en el origen Europa tienen un primer punto de partida de dicha búsqueda. Ésta se puede quedar ahí o continuar con los Sellos de Calidad Diferenciada que la propia Europa ha creado. Los distintivos europeos son un punto de encuentro entre los productores del continente, responsables de la elaboración de alimentos excepcionales, con los consumidores, necesitados de formas de reconocerlos y llevárselos a casa. La Denominación de Origen Protegida, DOP, y la Indicación Geográfica Protegida, IGP, son dos de las formas que tienen los consumidores de reconocer primero y disfrutar después los más selecto de la despensa europea. Tanto en la distribución comercial como en la restauración profesional, los símbolos DOP a IGP muestran aquello que goza de una excelencia organoléptica y nutricional directamente relacionada con el lugar de procedencia.

Cuando hablamos de productos de alta charcutería con Sello de Calidad Diferenciada, hablamos de elaboraciones cárnicas que llevan generaciones haciéndose en sus respectivos lugares de procedencia. Hablamos de un patrimonio cultural en forma de recetas que se pasan de padres a hijos para conservar la autenticidad de un sabor, de un aroma, de una textura o de un color. Esta fidelidad a la tradición es compatible con la actualización para los tiempos presentes y futuros. Los avances implementados permiten, por ejemplo, utilizar menos grasas y menos sales que lo hacían los antepasados. Un ajuste que adapta, pero no traiciona, el alma de un producto.

La despensa es una parta esencial de la identidad de una sociedad. Europa ha sido tierra de ganadería durante milenios. Sus cabañas han gozado de abundancia de alimento y de buen manejo de sus pastores para consolidarse como un recurso alimentario de primer orden. La llegada de la charcutería no es sino la respuesta a la necesidad de antaño de conseguir dar proteínas de una forma más perdurable en el tiempo. Conservantes naturales como el ajo, las especias, la sal, el agua hirviendo o el viento son las neveras para todos de cuando nadie tenía neveras.

El perfeccionamiento organoléptico alcanzado con la charcutería es lo que hoy explica que, sin ser necesario para la conservación, sigamos utilizando estas formas tradicionales de aprovechamiento cárnico. Nutricionalmente avanzados y excelentes para el paladar, productos como la Mortadella Bologna IGP, los Salamini Italiani alla Cacciatora DOP, el Zampone y el Cotechino Modena IGP forman un pilar esencial de la tradición alimentaria europea. Unas especialidades ligadas indisolublemente al lugar de donde proceden. Una personalidad única preservada y garantizada por los Sellos de Origen válidos en todos los países de la Unión Europea.